lunes, 19 de septiembre de 2016

Planificación lenta, ejecución rápida


Ya sea una pequeña tarea que se nos encarga, o un gran proyecto, al recibir el encargo de realizarlo, inconscientemente respondemos con el impulso de lanzarnos rápidamente a completarlo. La experiencia nos dice, sin embargo, que durante la misma, surgen complicaciones que en un principio no nos podíamos imaginar, o se nos ocurren maneras de hacer lo mismo que son mucho más eficaces. Eso nos obliga a retroceder lo andado una y otra vez, en un proceso iterativo de prueba y error que puede resultar frustrante, por la sensación de que haber sido un poco más precavidos en un principio, nos hubiera ahorrado mucho tiempo y esfuerzo.

Este impulso inicial tiene consecuencias especialmente desafortunadas, si al encargarnos un proyecto, también se nos ha pedido estimar el tiempo en el que podremos entregar el resultado. Una y otra vez damos predicciones optimistas, movidos por ese ímpetu inicial. Si de alguna manera, mantenemos una cierta rigidez en cuanto al cumplimiento de una predicción poco mesurada, sentiremos agobio y además correremos el peligro de decepcionar las expectativas de terceros.

Es por ello, que resulta imprescindible una buena planificación de la actividad a realizar. Normalmente esto consiste en un análisis, es decir, en una desmembración del proyecto en partes más simples y elementales. Este estudio, nos tiene que permitir interiorizar el conjunto como la consecución una serie de actividades lo suficientemente simples y conocidas que podamos decir con seguridad, y en base a experiencias previas, el coste temporal y material de las mismas. Nos equivocaríamos gravemente si enfocáramos este estudio como un cálculo que debe hacerse con rapidez y ligereza. Unos de los objetivos clave de la planificación es la interiorización de la complejidad inherente a la tarea. Se trata no solo de conceptualizar dicha complejidad poniéndole números, sino de hacer un ejercicio de mentalización, de asimilación consciente y de retención.

Este estudio, también llamado visualización, y que es tan habitual en todas las artes performativas como la música o el teatro, es de vital importancia para conseguir una ejecución que goce de ligereza, continuidad y consistencia. Creo que sería un símil válido, el estudio de una partitura de piano, con vistas a su ejecución.

Un antiguo maestro mío, insistía con convicción, aunque con un cierta resignación, en la importancia del estudio de la partitura alejado del piano. Este ejercicio incluía varios tipos de análisis: la estructura formal, el análisis tonal, la identificación de las células temáticas, después la digitación, la pedalización, la identificación de los pasajes de especial dificultad, la búsqueda de ejercicios y/o estudios que permiten entrenar y ejercitar esos pasajes, la estructuración del estudio, y la memorización de todas las notas de la partitura.

Todas estas actividades a realizar con el piano cerrado, tenían como principal objetivo evitar uno de los peligros más habituales del estudio, el entrenamiento de los errores. Un error, repetido varias veces se convierte en un vicio, que resulta muy difícil de detectar y eliminar. Otro objetivo, es la economización del esfuerzo: el trabajo físico, por su propia naturaleza, está limitado a nuestras propias fuerzas y por tanto tiene una duración y una ubicación finitas. En cambio, el estudio previo, es principalmente un ejercicio intelectual, que se puede realizar en un estado de reposo, cuyo potencial de entrenamiento es enorme, y se puede realizar en cualquier parte y cualquier hora del día aunque no tengamos un piano a nuestro alcance. El ideal buscado por mi antiguo maestro, era que en la primera aproximación al teclado, la ejecución ya fuera muy cercana al resultado final, salvo algunos retoques.

Esta visión "directa" de la ejecución, es rápida, ligera y efectiva. Contrasta con la fase preliminar que es lenta y meditativa. A nadie se le escapa la semejanza de este esquema de acción con la regla benedictina del "ora et labora".

No sería completo este artículo si no resaltáramos, la importancia de una ejecución sin obstáculos, más allá de aquellos que por su naturaleza sean inevitables. Esto implica que una vez se ha meditado largamente sobre el proyecto a realizar, no se divague en la ejecución, En este sentido, la orientación al resultado final debe ser constante, sin entrar en excesivas consideraciones ya resueltas previamente. En la ejecución tienen que reinar un sentido de control y de dirección, evitando dudas y fuentes de distracción.